En la industria de la extracción de aceites vegetales, una decisión técnica mal fundamentada puede reducir hasta un 20% la eficiencia operativa y afectar directamente la calidad del producto final. La clave está en comprender cómo las propiedades físicas de cada materia prima —como el contenido de grasa, humedad y tamaño de partícula— influyen en los parámetros óptimos de presión, temperatura y tiempo de prensado.
Según estudios de la Universidad de Illinois (2022), el rendimiento de extracción en soja con prensado térmico (60–70°C) es entre un 8–12% mayor que en frío (≤30°C), pero a costa de una menor estabilidad oxidativa. Por otro lado, semillas de girasol con alto contenido de agua (>10%) requieren temperaturas más bajas para evitar la coagulación prematura del material.
Un caso real de una planta en Argentina muestra cómo ajustar la presión media de 15 MPa a 18 MPa para algodón (contenido de aceite ~20%) aumentó la producción diaria en 1.2 toneladas sin alterar la calidad del aceite. Esto demuestra que la optimización no es teórica: es práctica, medible y rentable.
El prensado térmico mejora la fluidez del aceite y reduce la viscosidad del residuo, ideal para materias primas como la colza o la palma. Sin embargo, puede degradar antioxidantes naturales. El frío, aunque más lento, preserva mejor el perfil nutricional y es preferido por mercados premium en Europa y Japón.
Una investigación publicada en la revista Food Chemistry (2023) reveló que el aceite de linaza prensado en frío mantiene un 30% más de ácidos grasos omega-3 frente al térmico. Este dato es crucial para fabricantes que buscan posicionarse en nichos de salud funcional.
Muchas plantas enfrentan problemas como la formación de "tapones" en el prensado o baja extracción por sobrecalentamiento. Según datos de la Asociación Internacional de Procesamiento de Aceites (IOPA), el 65% de estos fallos se deben a una falta de calibración de la humedad inicial. Una solución simple: usar sensores de humedad en línea + control automático de temperatura.
Otro error frecuente es aplicar la misma presión a todas las materias primas. Un estudio en Brasil mostró que ajustar la presión dinámica (de 12 a 22 MPa) según el tipo de semilla aumentó el rendimiento global en un 14% y redujo el consumo energético en un 9%.
No se quede atrás. Nuestras máquinas hidráulicas y prensas de prensado previo están diseñadas para adaptarse a cualquier tipo de semilla, con sistemas de control inteligente que garantizan máxima eficiencia y calidad constante.
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